lunes, 4 de abril de 2011

DIECISIETE

Tengo miedo.
Me da miedo que el naranja se vuelva el único color que me de alegría, que quiera ver. Me da miedo que mis pensamientos ya no sean veracidades. Me da miedo salir, y sentir el frío. Me da miedo el afuera, el adentro, los puntos medios. Me da miedo la madrugada, el día, la tarde, sobre todo la noche, sobre todo esa entradita humilde a la madrugada, cuando el cielo se vuelve ligeramente rosado por el desgaste de la luz fundida en el cielo oscuro de Ramos Mejía, Gaona, gente yendo, rebalsada, alegre, alcoholizada. Yo en un auto, un auto refinadamente conocido, con el techo abierto y con un amigo sacando la cabeza, enrojeciéndose con el frío del viento que pasa, o que nosotros pasamos por el viento, porque el auto está en marcha, y todos se relamen menos yo: Estoy aterrada, entumecida en un costado, mirando la efervescencia de Rivadavia iluminada y hermosísima como siempre, más con él, porque él es incertidumbre, es creer que todo está dicho y darlo vuelta en los últimos minutos del partido, porque sabe que me duele, y en cierto punto lo excita verme dolida, yo creo. La noche me sigue dando miedo, pero me asusta más la noche que viene que la que estoy viviendo. La noche que estoy viviendo ya está pactada, y está deshecha.

miércoles, 30 de marzo de 2011

DIECISEIS

Me gustaría decir que tejo por caridad. No puedo, no es así, tejo porque es la forma menos autodestructiva que tengo de olvidarme de que el 80% de las cosas que hice desde que nací son fracasos. Tejo porque me ayuda a respirar en mi soledad, me ayuda a sacudir la idea de que estoy rota por dentro. Me ayuda a eliminar parcialmente el sentimiento de rechazo constante, me ayuda a dejar de pensar "¿Qué estoy haciendo tan mal?". Tejer me ayuda a fabular, me ayuda a crear con la cabeza, me ayuda a rebotar en la tierra y subir al cielo, me ayuda a proponer una nube para sentarme y me ayuda a quedarme dormida en ella. Me ayuda a pensar en laberintos, en cárceles, en el amor, en colores, en sangre. Me ayuda a latir.

lunes, 28 de marzo de 2011

QUINCE

Allegra Elefant.

domingo, 27 de marzo de 2011

CATORCE

W O R D L I N K  • T E C H N I Q U E
Ahora tengo miedo, me quiero bajar, no quiero viajar.
No quiero viajar con vos.
Con vos lloro por mi vida.
Vida es lo que me arrancaste cuando me miraste a los ojos por primera vez.
Por primera vez siento estas náuseas antes de dormir.
Antes de dormir, esa nebulosa de ideas, todas erróneas, y el dolor.
El dolor me está durmiendo las manos, las piernas, la cabeza, y me hace feliz.
Me hace feliz poder desbordarme de vos y vaciarme de nuevo.
De nuevo puedo arrancar mi motor y alejarme eternarmente de vos.
Alejarme eternamente de vos me ayudaría, porque vos me hacés fumar, llorar, lamentarme.
Lamentarme me dejó anonadada, porque ya era la cuarta noche, y ya no me desmayaba cuando te veía.
Cuando te veía se me llenaban los ojos de alegría.
Se me llenaban los ojos de alegría cuando en la trasnoche pensaba en lo que podía pasar.
Lo que podía pasar se desvaneció.
Se desvaneció lo tanto que te quería.
Te quería conmigo.
Conmigo ya no te quiero más.
No te quiero más porque me duele.
Me duele verte.
Verte me hace sanar.
Me hace sanar saber que salí.
Salí del agujero negro en el que estaba.
Estaba seca por quererte.

Y ahora ya no te quiero más.

sábado, 26 de marzo de 2011

TRECE

Llegué y no vi la luz de mi pieza porque, la verdad, me estaba llorando la vida, y lloraba ácido por los puños, lloraba jazmín por los ojos y lloraban ansiosas mis entrañas que ya no entendían nada de lo que pasaba. Descubrí la puerta abierta de la terraza, me senté en la escalera, y vi a mi arrebatada Ramos Mejía, borracha y cubierta por la niebla y la llovizna. Prendí uno de los Cigarrillos Únicos y me senté llorizqueando y atontada como una nena chiquita cuyo amor se desbarató. No sentía el humo que venía ni el humo que salía, porque generalmente cuando fumo se me rompe la cabeza del dolor, y ahora ya la tenía rota de antemano, sumado a que ya me había ahogado con agua tibia y azúcar en otros lugares por lo cual mi garganta me pedía que no mariconeara por el humo tóxico del alquitrán mezclado con el tabaco de mi Cigarrillo Único.
Cabe destacar que cuando hablo de lágrimas no me refiero a un llanto palpable, no lloré más por un chico, o por un adolescente... un adolescente que es adolescente tanto física como mentalmente. En fin, no lloré, solamente me deshacía en broncas y en la crudísima desilusión que se desmenuzaba en cada bocanada de humo. Mi enano interior me decía que me tranquilizara, que ya estaba, y era cierto... ya estaba, no tenía punto seguir desmejorándome por una turbulencia.
Se terminó mi Cigarrillo Único, y como el nombre lo indica, es único, así que lo apagué, guardé la caja en la cartera, me la puse al hombro y bajé con el ascensor (que ahora descendía, así que no sé si sería más prudente llamarlo "descensor"). Cuando entré, me desvestí, y me tiré en la cama.
Pensando.
Y cuando pensaba en algo tuyo, lo soplaba, como el humo de los cigarrillos.

lunes, 21 de marzo de 2011

DOCE

Yo me pongo a pensar, así, entre hojas recortadas, lápices acuarelables y crucigramas, si podría haber sido de otra manera. Es fácil la respuesta: Sí, podría. Pero no lo fue.
Todas las cosas que dije las dije y si en algún momento decidí no decirlas, pues, están esas consecuencias en otra parte del tiempo en la cual esto no está siendo escrito. Estoy mirando, ¿no? las posibilidades que se pueden haber dado, ya que de no haber hecho ciertas cosas todo sería completamente diferente.
Pero acá estamos, en la situación en la que nos vemos sumidos, y dentro de la enorme gama de posibilidades que tenemos yo decido que me tire el piolín que sostiene lo que pasa en este momento, es decir, no hacer nada. No hice mucho hasta ahora, pero ya no quiero hacer absolutamente nada. De poco sirvieron las palabras, las contenciones, las salidas, las trasnoches, el café, la plata, el cariño... básicamente nada sirvió de nada, porque antes de entablar relaciones, si uno no está dispuesto a afrontar este tipo de situaciones debería preguntarse: ¿Puedo asegurarme la perpetuidad de este cariño?
Es un infortunio, ya que nada garantiza la perpetuidad. Las personas menos, las personas somos especialistas en demostrar que todo lo que hacemos es efímero, incluso lo que queremos. Por eso buscar la perpetuidad en una relación humana es una desilución programada.
Por suerte, estamos aquellas personas que todavía podemos vivir con eso: Con la desilución y con el reemplazo. Bah, no reemplazo, la mejora. Es decir, no hay una persona que esté ocupando mi lugar, sino que el lugar de otra persona se expandió tanto que tapó el mio. No me quejo. No quisiera quejarme de las relaciones ajenas, porque no tiene que haber un motivo por el cual una persona me limite como ya pasó antes y fue feo.
Me abstraigo, entonces, a recostarme en la loza y repetirme que todo está genial, o podría estarlo, y eso para mi ya es suficiente.

miércoles, 9 de marzo de 2011

ONCE

¿Qué soy?
¿Un pasatiempo?
¿Una palpitación?
¿Una realidad?
¿Una abstracción?
¿Dónde me encuentro?
¿En tu mapa?
¿En el espacio?
¿Realmente me encuentro?
Si no me encuentro, ¿me encontrás?
¿Me buscás?
¿Crezco?
¿Jugás con mi pelo?
¿Jugás con mis manos?
¿Me ves?
¿Me mirás?
Te miro la retina.
Te miro los huesos.
Rotos.
Y me sonreís, deslumbrante.
Porque me querés.
Y son pocos aquellos que me quieren.

miércoles, 23 de febrero de 2011

DIEZ

Perdón, pero la verdad es que no pude más. En serio, me tenías loca, pero loca en serio. Reviviste eso que me pasó en primaria, me hiciste sentir esa cosita rara del amor platónico que se reflejaba en una amistad linda, una amistad simpática. Pero te me caiste a pedazos, y se ve que demasiado no importó porque tampoco te molestaste en remarla, lo que no está mal, por eso no te juzgo como persona: Serás quien quieras.
Pero no puedo yo con eso, siento ampollas en el corazón cuando te veo, así sea por una foto, y creo que realmente me voy a poner a llorar si te veo caminando o en algún lado. Soy así, me marco como a garrote, por eso necesito borrarte, y si en algún momento tenés ganas de remontarla, sabés desde hoy que tengo los brazos abiertos, me quieras como me quieras, porque también soy así: Faldera.
No pude evitar sacarte de esos pensamientos a la hora de dormirme. Bah, sí pude, pero por mi bien decidí alejar esas ilusiones a los golpes. En realidad, me estaba carcomiendo la idea de que te tuve cerquita y no logré nada, pero no me molesta, yo te pedí perdón de todo y te dije el verdadero motivo de todo, que ignoraste completamente.
Por eso, y aunque me moleste la palabra, yo salgo impune, como vos, y estamos los dos contento. Incomunicados, pero contentos. Sí, fuiste ese cantito alegre de todas mis mañanas desde fines de 2009 hasta fines de 2011, y aunque no entienda bien qué me querés decir, interpreto que es que ya cumpliste tu ciclo con nosotras, y que se termina acá, que se terminó hace rato. Y está bien.
Un simple gracias al viento por haberme dado un poquito de alegría creo que es suficiente para cerrar todo, al menos para mi, que soy quien todavía piensa en esto.

lunes, 21 de febrero de 2011

NUEVE

Estoy asombrada por la velocidad sideral de tu cariño, que tanto estoy rezando para que me vuelva a tocar, impulsivo y seductor, quizás me vaya a lastimar. Pero estoy segura, sin haber pensado mucho, que estoy rasgando de a poco los retazos de tu piel, adentrándome despacio en la niebla de tu aliento, respirando con los ojos entreabiertos la suciedad del Universo, la polución de mi religión.
Aguanto sentadita en el rincón de tu cuarto, haciéndome fractal e inocente, pensando entre lágrimas cenizas lo lejos que estoy de casa, de mi, del lugar que me corresponde. Porque me cuesta, ¿sabés? acariciarte desde la raíz hasta la punta de tu pelo, en el pasto, rejurgitando violencia que me dice que en realidad con lo que acaricio podría asfixiarte.
Sin embargo, acá estoy, sola, tranquila, porque me diste una pieza en la que como las otras, has apagado la luz, cerrado la puerta y olvidado, siendo una pieza tan linda y cómoda, sembraste en ella los demonios que nadie se atreve a sembrar en vos: El humo crudo de la soledad.
No es que no lo conozcas, porque las serpientes ya revisaron tu cuerpo, y no quiero asustarte, mi amor, solamente te aviso que tenés hasta los intestinos plagados de huevos venenos.

miércoles, 16 de febrero de 2011

OCHO

Y al final, me convertí en la única persona que podía contenerme. Es gracioso, pero solamente para no ser dolorosamente triste, cómo la gente cambia de parecer en un segundo, cómo todas las opiniones se dan vuelta, y terminan lastimando. Todo lo que una vez me dijeron que yo hacía mal, todos los cargos por los cuales me condenaron a muerte ahora son liberados, y ahora están bien, y claro, cómo no van a estar bien cuando son a conveniencia ajena. Porque es así, todos hablamos de más hasta que vivimos, todos hacemos libros gordos de teoría pero poco sabemos de práctica, formulamos mil ecuaciones que deberían funcionar, ¿pero al final qué pasa? Nada, todo se desmorona, y te das cuenta de que no podés aplicar tu teoría, porque no es válida, porque presumiste la temperatura del agua desde una burbuja hermética, todo lo que quisiste inventar es una porquería, una mentira, una especulación fallida, pero bien que pasaste por encima de todo aquel que te contradijera cuando decías saberlo todo, porque siempre tus prejuicios morales son justificados, siempre tus valores tiene que prevalecer por encima de los de los demás, siempre tu palabra es más limpia que la de las pobres almas revueltas y perdidas que tenés al rededor. ¿Te cuento algo, corazón? Por esas teorías excluyentes es que no podés evitar una soledad a diestra y siniestra, por eso le tenés miedo a la vida. Tomar alcohol ocasionalmente no es una experiencia, tampoco lo es estar con cualquier persona que se te ocurra, porque cuando tengas que aplicar a la práctica todas tus vivencias, ¿dónde encaja el alcohol?, ¿dónde encaja la lujuria? En ningún lado, y ahí es cuando vas a necesitar la ayuda (con carpa, por supuesto) de esos pelotudos que estuvimos haciendo todo mal mientras vos hacías todo bien. Y como somos eso, unos pelotudos, te la vamos a brindar, porque en cuanto se nos ocurra decir "Pero cuando a mi me pasaba lo que te pasa a vos, me cagaste a pedos" vas a dar una lista larga y tediosa de por qué lo que vos estás haciendo está bien. Sí, mi vida, la realidad es esa, por más que no lo quieras aceptar, y me lo niegues, y sigas con ese film de que tu vida está perfecta como está. Ahora es cuando te está tocando el amor, y cuando te decepcione vas a ver lo difícil que es dejarlo ir.

miércoles, 2 de febrero de 2011

SIETE

Como yo decía ayer, para mi esto es todo raro. Yo, hoy, 03/02/11 me siento una piedrita en el zapato de mi presente. Más o menos porque soy como un arlequín inexperto en una función de Cirque Du Soleil, y para cagarla más, en LOVE. Soy una payasa que no entiende nada y va arruinando las canciones previamente arruinadas de los Fab Four, con pasos torpes. Es que ese no es mi escenario, yo no sé qué hago ahí, yo nunca practiqué, yo no estaba preparada para semejante acto y encima me están tirando todos en triciclos y monopatines. No están gozándome, eh, no, pero ellos saben, ellos van bien en su triciclo, y a mi me están tirando porque saben que yo no sé nada de esto.
Bueno, básicamente la situación es esa: Yo, una gansa. No solamente porque me sacaron algo que ni siquiera tenía, sino porque sueño con una quimera, aunque no quiera, y me siento re lela cuando me despierto por me agarra un saborcito medio amargo en la garganta, y no es sarro, es una melancolía rasposa que le agarra a uno cuando le amagan.
No estoy segura de qué viene ahora, porque cuanto menos haga, mejor.

lunes, 31 de enero de 2011

SEIS

ALGOMELATEYNOESMICORAZÓN.
Me tapo la columna con un camisón rosado, y siento el humo del tabaco arrastrarse por mis pulmones. Arde. Se ensanchan los músculos. Sufren. Largan el humo, y mi corazón empieza a acelerarse. La piel se me vuelve gris, like the skin a of a dying man. Me trago el aire a bocanadas, y mis pulmones se hacen cada vez más grandes, más grandes, más grandes. Los ojos se me inyectan. Reconozco al demonio que ha tomado mis brazos y mis piernas, que ha robado mi piel, que la ha vuelto cenizas, que me está rompiendo los huesos y que está bajando por mi costado, como una lágrima, erizándome los poros, acostándome desnuda en la cerámica fría y áspera. Me arrastra por el suelo, arañándome la espalda, escribiendo con la piel que se me va cayendo un epitafio. A mi se me va la vida, y cierro los ojos calmada, aunque anestesiada por el dolor. Me olvido, porque me decía, sola "Tengo que olvidarme". Creo que me estoy muriendo.
Pierdo la noción del tiempo.
Me vuelo.
Ahora rasco el suelo con los huesos.
Mi epitafio es un cuento.
Que no puedo leer.
Me asusto.
Y me desvanezco.

Y escucho la lluvia, cercana, abismada en los pequeños rincones que me encierran. El cielo me encierra. Y sigo escuchando, cómo golpea contra el techo de chapa, contra las macetas de barro, contra los charcos, contra las hojas de albahaca, contra el asfalto alisado, y las arañas galponeras que se esconden en las esquinas, por la resolana. Y las regaderas, vacías, llenas de tierra en los dibujos. Los fracos de acetona, con lombrices, y sapitos, las palas sucias, naranjas. Las botas de lluvia que se van machando mientras entran los de jardín, dejando todo el cemento alisado lleno de huellas de barro, con pasto, y ácaros. Los impermeables chorrean, y se dejan caer. El delicado filo de tu ida me está matando, pero ya no lo siento, porque ya estoy muerta.
No recuerdo ya nada de lo que es la piel ni lo que son mis ojos. Ahora estoy hecha partículas, sin sexo, sin vida, sin alegría, sin tristeza. Yo viajo, y solamente tengo la posibilidad de sorprenderme, cuando se me acercan los ruidos, y la lluvia fresquita, y los truenos, y la vida que me falta.

sábado, 29 de enero de 2011

CINCO

Hoy no estoy para usar frases con plenitud de calificativos ni nada, y aprovechando que nadie lee esto, me parece que puedo decir que creo que solamente puedo alimentarme de la felicidad de los demás. Estoy sola, como nunca, sola, y veo la felicidad en un par de ojitos brillantes y achinados por los cachetes que suben en una sonrisa que es completamente sincera. Pero no es mia, y me duele un poquito sentir que ya no puedo sonreir, que solamente me puedo reir. Sin embargo, no es envidioso este autoconvencimiento (que en propia esencia ya ha fallado, pero uno puede quedarse con la ilusión de que funcione), no, es un rincón mio que encontré hoy, y que no está bueno vivir en él, pero ya no queda otra, no quiero vivir buscando, no quiero vivir fracasando y no quiero vivir cayéndome de un piso 23 para no morirme jamás. No quiero que me disparen, no quiero golpear a la gente porque me desagrada, no quiero. Quiero enamorarme, quiero que asesinen a mi amor y vivir solamente para encontrar al asesino y comérmelo a mordiscones.
No puedo combatir esto, de ninguna manera. No puedo.

viernes, 28 de enero de 2011

CUATRO

Qué mal me estoy haciendo, qué fácil lloro todos los días, y soy ruido blanco, nadie, nadie pone su mano en mi hombro, nadie reconoce los huesos agigantados de mi columna, nadie roza con resquemor mi piel, nadie se acalambra al ver el punteo casi hecho con una máquina de coser en las esferas de mis pulmones, nadie se asusta al raspar con las yemas de los dedos la costra sangrante de mis omóplatos, de los agujeros inconsolables de las alas que perdí, por volar, por vos, porque te creí cielo y le quitaste las alas a esta pobre maraña de vidrios que yo solía ser. No puedo volar, solamente puedo acariciar y ser la única que se estremezca al sentir el calor de las venas rotas del tejido de mi estómago, el helado aullido de mi bronca, que se cierne en la carne, renace como si matarla fuera imposible, como si la furia fuese incontenible y no pudiese parar de salpicar sangre porque está ardiendo por dentro, como yo, que soy la única que arranca el feto de su propio cuerpo, que lo escucha llorar y tragándose un vaso de lágrimas le va arrancando los pedazos de piel muerta, que solía estar viva en el cándido interior de mi cuerpo. Pero lo sacaste, te chupaste el calor como un piso nevado, que solamente me espera para quitarme el aliento de a poco, y arrastrarme con las heridas al rojo vivo hacia tu infierno, que es esta soledad, que es el helado filo del cuchillo.

domingo, 23 de enero de 2011

TRES

Sos un pelotudo.
Y ojalá que a todas tus mascotas les agarre un infarto.
A todas.
Al mismo tiempo.
Y que te pongas mal.
Y llores.
Por pelotudo.
Y tu papá te grabe.
Y lo suba al Facebook.
Y me agregue como amiga al Facebook.
Así yo puedo firmar:
"Te pasa por pelotudo".
Y que me elimine.
Y que yo me una a un grupo corte "Los putos te eliminan".
Y me agregues vos.
Y me mandes a la puta que me parió.
Así yo te puedo decir "Ok, pero me hablaste, y eso es un EPIC WIN".

sábado, 22 de enero de 2011

RECETA: CHOCOLATE CHIP COOKIES

INGREDIENTES:
270 gramos de harina 0000
60 gramos de azúcar blanca, común, la que podés encontrar en cualquier lado.
60 gramos de azúcar rubia. Esta a mi me costó un poquitín más encontrarla, la compré en una dietética, y no es cara.
100 gramos de manteca blanda. No la calienten en microondas, déjenla afuera de la heladera dos horas por lo menos, o arriba del horno encendido.
2 huevos
200 gramos de chips de chocolate. Se pueden comprar en un cotillón.
1 cucharadita de bicarbonato de sodio
1 pizca de sal
1 cucharadita de esencia de vainilla

PREPARACIÓN:
Precalentar el horno.
Mezclar en un bol la manteca blanda, el azúcar rubia, el azúcar blanca y la escencia de vainilla con una cuchara de madera hasta llegar a punto pomada (si se calienta la manteca en el microondas, no podrán llegar a este punto debido a que la manteca se vuelve líquida).
Añadir los huevos y los ingredientes secos tamizados.
Agregar los chips de chocolate y unir bien.
En una placa, colocar papel manteca y encima de éste poner cucharadas de masa. Más o menos calcular un espacio ancho para las galletas porque se agrandan mucho cuando se cocinan.
Cocinar durante 10 minutos o hasta que queden doradas. Mucho cuidado con que no se quemen por abajo, ya que en el horno puede parecer que no están hechas porque al tocarlas están esponjosas.

OPCIONAL:
Se puede poner azúcar arriba de las galletas.

viernes, 21 de enero de 2011

DOS

Creating ashes. Failing at life more than anyone could imagine. Acertando en una y errándole en 20. ¿Alguien más piensa así? Porque a mi me resulta raro irme al lugar donde POR AHÍ no me pueden ver, y creer que no me ven, y volver atrás, y volver adelante, buscar a un monito que no está, ir a donde todos me ven, salir y acordarme de la primera vez que compré un paquete de preservativos que no podía tener tanta vergüenza encima. Y pienso: This place is bigger than our appartment! Y claro, por eso goodbye mundo cruel me voy a escuchar un tatuaje dada vuelta aunque hoy no llueva pero está bien.

miércoles, 19 de enero de 2011

UNA MUJER SERIA

"I am a... a...
I AM A... a...
I'M TRYING TO BE  A SERIOUS MAN!"
Larry Gopnik
"A Serious Man" by Coen Brothers

domingo, 16 de enero de 2011

UNO

Viendo cómo caía en picada la primera y única relación de toda mi vida, y sintiendo el sabor amargo del fracaso de la amistad fraternal que yo tenía en mente y no se pudo concretar - Dios sabe por qué -, agarré mi bolsa de confianzas y se la di al único hombre que me quedaba, y en realidad el único hombre que nos queda a todas.
La agarró, la sacudió, la abrió,  se la pasó por el culo y me la devolvió diciéndome "¿Para qué carajo quiero esto yo?"
En esas situaciones uno se sienta en el suelo, se mira los pies y pregunta, solito, si es el único pelotudo al que le toman el pelo de esa manera. No responde nadie, claro, pero solamente nos queda el tambor funerario, latente, que dice "Ojalá que te pise un camión y no te mueras, ojalá que te quedes vivo así te puedo agarrar del cogote y repetirte una y otra vez lo mucho que me decepcionaste, y ahí te podés morir tranquilo, en un pozo, solo".
Por eso, ahí uno se agarra los pies con las manos, y se siente il capo di tutti capi: Por más que duela, se puede. El tambor se calma, y siguen sonando los redobles, y se sienten en las venas, pero ahí podés decir que la bolsa de confianza estaba vacía, como para no sentirte tan pelotudo.