ALGOMELATEYNOESMICORAZÓN.
Me tapo la columna con un camisón rosado, y siento el humo del tabaco arrastrarse por mis pulmones. Arde. Se ensanchan los músculos. Sufren. Largan el humo, y mi corazón empieza a acelerarse. La piel se me vuelve gris, like the skin a of a dying man. Me trago el aire a bocanadas, y mis pulmones se hacen cada vez más grandes, más grandes, más grandes. Los ojos se me inyectan. Reconozco al demonio que ha tomado mis brazos y mis piernas, que ha robado mi piel, que la ha vuelto cenizas, que me está rompiendo los huesos y que está bajando por mi costado, como una lágrima, erizándome los poros, acostándome desnuda en la cerámica fría y áspera. Me arrastra por el suelo, arañándome la espalda, escribiendo con la piel que se me va cayendo un epitafio. A mi se me va la vida, y cierro los ojos calmada, aunque anestesiada por el dolor. Me olvido, porque me decía, sola "Tengo que olvidarme". Creo que me estoy muriendo.
Pierdo la noción del tiempo.
Me vuelo.
Ahora rasco el suelo con los huesos.
Mi epitafio es un cuento.
Que no puedo leer.
Me asusto.
Y me desvanezco.
Y escucho la lluvia, cercana, abismada en los pequeños rincones que me encierran. El cielo me encierra. Y sigo escuchando, cómo golpea contra el techo de chapa, contra las macetas de barro, contra los charcos, contra las hojas de albahaca, contra el asfalto alisado, y las arañas galponeras que se esconden en las esquinas, por la resolana. Y las regaderas, vacías, llenas de tierra en los dibujos. Los fracos de acetona, con lombrices, y sapitos, las palas sucias, naranjas. Las botas de lluvia que se van machando mientras entran los de jardín, dejando todo el cemento alisado lleno de huellas de barro, con pasto, y ácaros. Los impermeables chorrean, y se dejan caer. El delicado filo de tu ida me está matando, pero ya no lo siento, porque ya estoy muerta.
No recuerdo ya nada de lo que es la piel ni lo que son mis ojos. Ahora estoy hecha partículas, sin sexo, sin vida, sin alegría, sin tristeza. Yo viajo, y solamente tengo la posibilidad de sorprenderme, cuando se me acercan los ruidos, y la lluvia fresquita, y los truenos, y la vida que me falta.
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